¡No chicheen a mi sacrosanta Acho! [Por Maki Miró Quesadilla]

Una que decide empezar su día haciendo yoga tibetano con el maestro Chopa Dípakmaharahapajakuna vía Zoom, of course, porque el Skype es de cholos, y que no puede porque, en esta coyuntura de emergencia que nos ha dejado sin manos marrones de obra barata, las noticias se suceden una tras otras como los orgasmos cuando estás en ayahuasca, ¿manyas?

Y ahora me tocó solidarizarme con Coquito Pérez Chávez, porque además de ser presidente de la Asociación Cultural Taurina del Perú, el pobre no tiene la culpa de tener apellidos de cajera de Metro. O sea, Coquito mandó un comunicado, ¿manyas?, o sea, una communication firmada por él y por varios apellidos arios como Oliart, Villavicencio, Monasterio y otros peruanos ilustres e inceles para que el Ministerio de Cultura le ponga su tatequieto a la Municipalidad de Lima.

O sea, alusssssscina wona que nos quieren meter a “personas vulnerables” (eufemismo políticamente correcto para decir “cholos de mierda”) en la Plaza de Acho. O sea, ajjjjjj, ¿manyas? Porque no sé tú pero yo no dejo de pensar, igual que el bolero, decía, me preocupa tener que poner el pompis que ni mi esposo ha osado profanar (lo del jardinero argelino de mi depa en Toulouse no cuenta, ¿ya?) en unas graderías contaminadas de TBC, VIH, dengue y todas esas enfermedades que tienen los pobres. O sea, no entiendo. O sea, qué HdP. ¿No se dan cuenta que el coronavirus es un virus de ggggente blanca? ¿Acaso Alberto de Mónaco y Charlie de Gales tuvieron zika o chikunguya o como chucha se escriba? No. Tienen coronavirus. Cómo te explico. CORONAVAIRUS.

Así que me solidarizo con toda la alcurnia masculina limeña amante de los toros (y de los muchachitos menores de 15 años que se malbaratean en los quilombos de Tarapoto). Quedó bien lindis el communication; hasta yo misma me creí eso de que les preocupa que los marrones se infecten con las bacterias de los toros. Como si no supiéramos que la vida de un toro de Acho vale más que la de todos los habitantes del asentamiento humano Mi Perú, pues. Otra cosa es que nos deleite ver cómo un español pura sangre o un peruano alcurnioso le saca su mierda y lo mata sangrientamente, porque eso nos hace recordar las épocas en que solo nosotros los blancos teníamos alma, y nos permite escapar de esta realidad en que los derechos humanos se han vuelto tan promiscuos.

En fin, los dejo, mis estimados lectores, que Chopa Dípakmaharahapajakuna me está esperando hace rato para empezar la sesión de yoga virtual. Besitos a la distancia para todos menos para la HdP de mi empleada, por cagona. Chau.

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